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    Soy Carolina Benjamin.

    Desde hace casi 20 años acompaño a otras personas a través del cuerpo, el contacto, la escucha y diferentes herramientas que fui incorporando a lo largo de un camino de aprendizaje que continúa hasta hoy.

    Hoy me nombro masajista y terapeuta, pero detrás de esas palabras hay algo más simple: soy una persona que aprendió, con el tiempo, a escuchar el cuerpo y a preguntarse qué hay detrás de aquello que sentimos.

    MIS INICIOS EN ESTE CAMINO

    ​Hace unos 25 años, una amiga me regaló un libro: Usted puede sanar su vida.

    Lo leí, como suelo hacer con todo libro que llega a mis manos, con curiosidad por descubrir de qué se trataba.
    Recuerdo que al principio me costaba comprender cómo aquello que sentimos y vivimos emocionalmente podía tener relación con nuestro cuerpo. Y debo decir, e
    se libro abrió una puerta.
     

    A partir de entonces comencé a acercarme a diferentes prácticas vinculadas con la energía y el bienestar, como el Chi Kung y el Reiki. Luego llegó el Yoga, y con él un recorrido que fue tomando diferentes formas a través de cursos, talleres, instructorados y distintas experiencias de formación. Hasta que aparecieron los masajes.

    Siempre había sentido que había algo en el contacto, en las manos y en la posibilidad de brindarme al otro que tenía mucho sentido para mí. Comencé entonces a formarme en masaje desde una mirada vinculada a la Medicina China y, más adelante, al Ayurveda, una medicina y filosofía de vida que me abrió nuevas maneras de comprender el cuerpo y sus procesos.

    Desde hace casi 20 años, el masaje forma parte de mi camino. Y con el tiempo fui comprendiendo que no se trata solamente de aliviar una tensión o generar un momento de bienestar. El contacto también puede convertirse en una forma de presencia: una oportunidad para detenernos, respirar y volver a sentir el cuerpo.
     

    Un camino que continúa

    A lo largo de los años fui incorporando otras prácticas y herramientas: meditación, respiración consciente, Yoga y Bioenergética, escritura desde una mirada transpersonal y diferentes abordajes relacionados con el cuerpo y el bienestar.

    Actualmente continúo formándome en Neurociencia, cuerpo y bienestar, porque sigo creyendo que acompañar también implica permanecer disponible para aprender, cuestionar y ampliar la propia mirada.

    En lo personal, el Ashtanga Yoga forma parte de mi vida desde hace tiempo. Es una práctica que me permite habitar el cuerpo a través de la respiración y el movimiento y, en ese encuentro, encontrar también un espacio donde la mente puede descansar.

     

    Mi manera de acompañar

    Con los años fui entendiendo que no existe una única manera de acercarnos al bienestar ni un camino que pueda aplicarse de la misma forma a todas las personas.

    Por eso hoy mi propuesta parte de una mirada integral, donde el cuerpo puede ser una puerta de entrada a la escucha.

    A veces comenzamos con un masaje consciente. Otras veces, con la palabra, la respiración o la posibilidad de detenernos y observar aquello que estamos atravesando.

    No busco ofrecer respuestas cerradas ni recetas para vivir mejor.

    Busco crear un espacio de presencia, escucha y respeto por los tiempos de cada persona, donde podamos acercarnos a aquello que el cuerpo, la mente y las emociones están expresando.

    El cuerpo expresa el síntoma, pero la raíz suele pedir escucha.

    Este espacio nace también de mi propio recorrido: de todo lo aprendido, de lo que todavía sigo aprendiendo y de la certeza de que acompañar procesos implica, antes que nada, continuar transitando el propio.

    Quizás por eso mi intención sea sencilla: ofrecer un espacio donde puedas pausar, respirar, escucharte y volver al cuerpo.

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